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Young woman silhouette practicing yoga on the sea beach at sunset

La suavidad de la profundidad.

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Hablar de Ásana o postura, es rendir culto a la suavidad………..  y aprender a entrar en ella es todo un arte.

Desde el punto de vista de que el Yoga no se contempla como un ejercicio físico (aunque en los últimos tiempos la tendencia ha ido por ese camino al entrar en los centros de fitness), lo cierto es que al principio casi inevitablemente lo físico juega un papel determinante en la acción de la entrada y mantenimiento de la postura.

Siendo el Yoga una exploración de cuerpo, mente y esencia, es algo vivo y cambiante y la postura es la responsable directa de esa maravilla.

Cuando la persona se rinde al estudio de cualquier postura, se convierte sin saberlo en un arquitecto, en un matemático, en un físico, en un científico,……….. esto es Ásana. Es la máxima expresión de la arquitectura y la precisión de un cuerpo en su forma más limpia y pura.

Encontrar la máxima profundidad en la práctica, es apoyarnos en uno de “los ocho brazos del Yoga”: Ásana.

Para encontrar y/o llegar a la profundidad en esta, la entrada se realizará desde la pasividad física (no la dejadez) y mental, será con el mínimo esfuerzo muscular y abriéndose a la máxima escucha interna. Desde aquí llegaremos a la mejor postura que en ese momento nuestro cuerpo nos pueda ofrecer, pero lo más interesante, es que la máxima flexibilidad tendrá que ser mental y emocional.

La relajación en ásana nos llevará a una desconexión de cada acción individual, sin ella no existe la respiración correcta.

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Desde ese trampolín el cuerpo se ofrecerá a una respiración inteligente y sincera que emergerá de forma natural y profunda.

La alineación y el ajuste externo e interno de nuestro cuerpo, nos llevará al cambio de hábitos y al desarrollo de un cuerpo distinto y nuevas aptitudes. 

Desde la alineación, la inteligencia de la postura será como un medicamento en la que la práctica pone la dosis correcta, siendo para cada persona distinta.

La postura irá en pos de espacio interno, descomprimiendo sobre todo la parte anterior del cuerpo, esto redundará en una respiración más libre y sostenida, cambiando patrones físicos, mentales y emocionales.yoga8

Desidentificarse en cada acción, es llegar al desapego, la acción en reflexión explora el trabajo desde la inteligencia emocional, dando lugar a una MEDITACIÓN EN ACCIÓN y creando EMPATÍA en el individuo.

La postura aunque a simple vista parece estática, es totalmente dinámica. Este dinamismo y movimiento, viene dado por los múltiples ajustes y micro ajustes que tenemos que realizar y mantener internamente en todo momento, es multidireccional y expansiva en el espacio, físicamente al principio es una explosión, para convertirse después en una implosión hacia la sensibilidad del individuo. De esa forma evolucionaremos de lo físico a lo sutil.

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Esa sutileza nos llevará a un Ásana más orgánico, donde el practicante encontrará la forma de descomprimir internamente su cuerpo (y por proyección los órganos y vísceras) desde la observación profunda. Asentado este conocimiento en el Yogui la siguiente “sala” será una práctica celular, donde encontraremos la verdadera esencia de nuestro ser y existencia.

A lo largo de su historia milenaria, el estudio del Yoga y el arte del Ásana ha ido puliendo a través de la experiencia de los estudiantes y Maestros, una riqueza inaudita e inigualable en su práctica. Cualquier persona por mucha merma física que tenga, puede realizar casi cualquier postura gracias al desarrollo de soportes.yoga7

Estos soportes modificarán de forma más bondadosa el mantenimiento de la postura,  que no la profundidad que emana de esta, desde ellos llegar a la postura correcta y por lo tanto a la correcta alineación dentro de las limitaciones anatómicas del practicante, siempre es posible

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