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Ásana, descubriendo tu mundo interior.

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Ásana: postura, asiento.

Hablar de ásana en Yoga, es hablar del descubrimiento de un universo infinito. 

Te invito amig@ lector/a a que me sigas por el apasionante mundo del autodescubrimiento.

Cuando hablamos de Yoga, de forma automática nos vienen dos cosas a la cabeza. Una es una persona sentada o tumbada con los ojos cerrados, los dedos índice y pulgar de cada mano haciendo un Mudra (quizás también recitando un Mantra) y muy, pero que muy relajado; y lo siguiente un contorsionista del circo del sol, haciendo un nudo en su cuerpo cual niña del exorcista.

Pues bien, los compañeros que practican conmigo bien saben que de relajado no tiene nada el Yoga y que para tener una práctica profunda y sanadora, no es necesario dejarse el esqueleto en casa para hacerse un nudo marinero al cuerpo.

Desde una postura que en principio se considera “básica” como un Tadásana (postura de montaña) aunque realmente de fácil no tiene nada, si está bien ejecutada en su máxima extensión y profundidad, encontraremos que en ella se contiene todo el método de la práctica, no haciéndose necesario forzar a nuestro cuerpo a realizar ásanas para las que probablemente en un principio no esté diseñado o preparado y que le puedan causar repulsa por la dificultad en su ejecución.

La postura.

La práctica de la postura es una acción desde la pasividad que a simple vista parece inmóvil, pero que en realidad es totalmente dinámica en su interior. Para obtener un buen resultado terapéutico y medicinal de la práctica del ásana, es necesario instruir a que todas las partes del cuerpo hagan el trabajo para el cual fueron diseñadas, es decir, que lo que a simple vista nos parece un cuerpo inmóvil, en realidad en el interior es un universo totalmente dinámico donde pasividad, acción, conciencia y soporte se equilibran.

El resultado tiene que llevarnos a la apertura máxima de la parte anterior del cuerpo. Esto promueve una gran sensibilidad, la ejecución se realizará desde la más profunda pasividad, rindiéndonos a la escucha de la sensación interna.

Conseguido esto, observaremos como la respiración (Pranayama) se acoplará de forma natural; y con la experiencia necesaria, será esta la que “mueva el movimiento” a través del cual llegaremos a estados meditativos más o menos profundos.

 Una vez conseguido esto y de forma espontanea, surge una nueva conciencia de tu propio cuerpo y por extensión de tu ser y/o identidad.

El resultado.

La finalidad de este proceso de aprendizaje y reeducación de nuestra postura, da como resultado a una alineación correcta, a través de la cual el cuerpo encuentra el punto de apoyo y el espacio para los procesos de autoregeneración y curación de forma global.

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Mi práctica.

Yo abogo por una práctica humilde, mi práctica personal no es ni muy acrobática ni rebuscada, es sencilla, en la que me resulta cómoda la escucha interna, lo que intento potenciar es mi sensibilidad a través de ella sin las interferencias del malestar de algunas posturas, desde hay el campo de investigación es profundo y apasionante.

NAMASTE

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